Cuando no se sabe para dónde ir

A veces me pierdo y me olvido del camino que había trazado para mi vida. O quizás no me olvido. Quizás ahora quiero un camino distinto y por eso me siento tan desorientada.

Desde chicos nos enseñan que tenemos que planear todo y que esa es la única fórmula del éxito. Siempre creí que eso era una verdad absoluta, pero hoy no estoy tan segura. En realidad, hoy en día no estoy “tan segura” de nada. Siento que la base en donde me encuentro no es estable; siento que todo puede cambiar y que es mejor prepararse para el cambio en lugar de vivir llena de planes definidos.

Si, planear está bien. Nos da un propósito en la vida y una meta que alcanzar.  Pero, ¿qué pasa cuando planear toda tu vida se convierte en lo único que haces? ¿Qué pasa si sucede algo imprevisto que te jode tu plan de vida? ¿Caer en depresión es una opción? No lo es. Bueno, puede pasar, claro, pero no es una opción válida. Tendremos que levantarnos y cambiar el rumbo, movernos para algún lado aunque nos dé miedo. Siempre hay que tener un plan b, c, e incluso d. Estancarse jamás es una opción.

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Primer intento

A veces extraño a mi versión del pasado. Esa persona que tenía todo claro y que estaba llena de certezas. Esa persona que era naturalmente optimista y que siempre sabía cual era su próximo paso.

Ahora soy puro desorden. Y vengo a escribir para intentar entender de qué va esto.